martes, 4 de septiembre de 2018

Septiembre

Septiembre es así.

Los días más cortos,
las tardes nubladas,
las noches más largas,
la lluvia en mi ventana.

El sol aún candente,
el viento algo helado.
El sudor en la frente,
un flotador abandonado.

Septiembre es así.

Veleros en el puerto,
piscinas desiertas,
arena en los bolsillos,
nostalgia en las maletas.

Se rompen las parejas,
se separan las cuadrillas.
Los sueños hechos trizas
promesas incumplidas.

Septiembre es así.

Los castillos de arena
sin dragones,
sin princesas,
se pierden entre las olas
sin padres que los construyan,
sin niños que los derrumben.
Solo quedan tristes ruinas
de un verano que se muere.

Septiembre es así.

Dejar los helados,
apuntarse al gimnasio,
volver a la universidad,
conseguir un trabajo.
Fijarse una meta,
estrenar una agenda,
ponerse corbata,
conocer gente nueva.

Septiembre es así.

Se cierra una puerta,
acaba una etapa.
Se abre una ventana,
falsas esperanzas.
Mochilas en las espaldas,
colas en el metro.
Melancólicas miradas,
taxis al aeropuerto.

Septiembre es así.

Toallas sin dueño,
dormirse sin sueño,
canciones de Green Day.
Vestirse de largo,
despedir el verano.
Volver a empezar.

jueves, 19 de mayo de 2016

Cuando se juntan dos desastres

Esta es la historia de la chica que nunca quiso ser princesa. Odiaba ser la antagonista de una novela cuyo argumento siempre se le volvía en contra. Así que, leía. Se conformaba con ser mera espectadora de cualquier historia que no fuese la suya. Se sumergía en universos de papel que convertía en salidas de emergencia que acababan por llevarla a ninguna parte.

Renegaba de los poetas. De aquellos que le prometieron la Luna antes de dejarle el corazón lleno de heridas. Y bailaba. Se movía de puntillas con el viento al compás de una balada triste de trompeta y se agarraba a cualquier cintura que fuese capaz de adaptarse a su frecuencia.

Estaba cansada de arriesgar. De lanzar la moneda al aire y que le partiesen la cara cada vez que salía cruz. De tener un corazón de piedra y sentimientos de papel en un mundo lleno de tijeras.

Se derrumbaba de espaldas al mundo cuando huía de unos complejos que solo ella era capaz de ver. Dibujaba corazones rotos en el espejo con su barra de labios porque se había cansado de buscar príncipes y de que todos se convirtiesen en rana. Y soñaba, en silencio, porque un día le dijeron que es inevitable estrellarse contra el suelo cuando quieres volar por encima de las nubes.

Y sin embargo, un día conoció a alguien capaz de mantenerle en pie cuando todo a su alrededor amenazaba con estallar en mil pedazos. Le entregó su corazón lleno de parches con la esperanza de no tener que volver nunca a recoger los trozos del suelo.

Y ese día lloró.
Y él también lloró con ella.
Y se hicieron la promesa
de que la próxima vez
que naufragasen
sería entre sus brazos. 

Porque enamorarse, al fin y al cabo, es un juego de valientes. Es todo ese riesgo que corres cuando te enamoras de un desastre.
Pero cuando dos desastres se encuentran, ¿qué puede salir mal?

martes, 13 de octubre de 2015

Contigo quiero ser.

Seré breve: primero fue el desastre y entonces llegaste tú. No se me ocurre mejor forma de resumir esta historia. Que he reído contigo, que también he llorado sin ti. Que la vida me ha enseñado que solo sobreviven al abismo aquellos que se atreven a ser funambulistas para bailar con huracanes sobre una cuerda, floja, de esperanza. Así fue pues, como descubrí que hasta en la noche más fría de febrero se puede dar la vuelta al mundo con un beso y acabar en el Trópico equivocado.

Contigo recordé que andar hacia delante no implicaba dar dos pasos hacia atrás para tropezar, de nuevo con esa montaña de piedras que son los recuerdos. Que sobre el desamor, o como dejar de sentir cosas por alguien a marchas forzadas, ya tenemos demasiadas páginas escritas en forma de cicatrices a nuestras espaldas.

Contigo quiero ser la paradoja de cortarnos las alas para tocar el cielo con las manos, mientras el resto del mundo se pregunta desde abajo como demonios sobrevivimos cuando no teníamos a nadie más que nosotros mismos.

Contigo, simplemente, quiero ser. Abrazarte cuando estés triste. Mirarte hasta que sonrías y apartes la mirada o escondas la cabeza entre mis brazos. Besarte, como solo son capaces de besarse aquellas personas a las que la realidad todavía no les ha partido los labios en mitad de una tormenta.


No sé si contigo podré ser todo eso algún día, pero lo que sí sé es que, por lo menos, habrá merecido la pena intentarlo. Porque si de algo tenemos derecho, es a equivocarnos de nuevo.

...


Quiero darle las gracias (de nuevo) a mi amiga Clara. No dejéis de visitar su blog: http://lalenguaquemecomioelgato.blogspot.com.es/. 

Sin ella, este bonito vídeo (y quizás este texto) jamás habrían visto la luz: